PEDRO RAMÍREZ VÁZQUEZ: ARQUITECTO, DISEÑADOR Y TRANSFORMADOR DEL MÉXICO CONTEMPORÁNEO
Desde que estudiaba diseño gráfico, don Pedro Ramírez Vázquez era muy mencionado por mis profesores como referencia obligatoria de nuestro oficio. Sin duda no es para menos: fue un destacado diseñador gráfico al igual que lo fue en su campo como arquitecto. Su legado no solo está en México, sino también en los cinco continentes; es de los pocos que tienen obras en todo el mundo y eso es de presumirse.
Desde diciembre pasado, el Museo Soumaya en Plaza Loreto inauguró una exposición sobre el legado de Ramírez Vázquez que nos adentra en su intimidad como creativo: desde sus inicios hasta sus obras comunitarias, siempre pensando en el bienestar común nacional. La arquitectura del señor era funcional y geométrica, no estaba peleada con la estética y su gran sello fue su pasión por la identidad nacional, sin caer en nacionalismos rancios. A través de su trabajo vemos eso impreso y construido en cada uno de los proyectos que concibió. Como dicen quienes lo conocieron y trabajaron a su lado, fue un gran director de orquesta.
Aquí podemos ver su faceta más importante para él y para el país: la de presidente del comité organizador de los Juegos Olímpicos de 1968. Destacan la forma magistral en que organizó y planificó, y su papel como diplomático premier, todo llevado como un relojero. Sin duda, uno no puede ser indiferente a tan ardua labor que realizó con todo el equipo organizador para llevar a cabo de forma impecable la justa deportiva, a pesar de la tensa situación que le tocó vivir a México con las manifestaciones estudiantiles y de tratar con anfitriones polémicos como Sudáfrica y su política de apartheid.
En esta etapa, Ramírez Vázquez demostró que un país en vías de desarrollo podía llevar a cabo la tarea titánica de organizar magnos eventos deportivos como los Juegos Olímpicos de verano. Sobre todo, con él se dio el auge —al menos para mí— de lo que hoy en día conocemos como diseño gráfico nacional, que en aquellos ayeres apenas era visible de no ser por el impulso que dio el arquitecto al juntar a un excelente equipo nacional y extranjero para crear la imagen de identidad, la iconografía, la señalética y la publicidad que requirió el evento.
Por eso, yo considero al arquitecto como el padre del diseño gráfico contemporáneo de México. No solo dio un gran impulso a nuestro oficio, sino que también se desempeñó con creaciones gráficas propias, de las cuales la gran mayoría se mantiene actualmente en uso, como la imagen de Grupo Televisa, que sigue vigente con las modificaciones necesarias para adaptarse a los tiempos actuales.
En la exposición se desmitifica lo que tantos años nos enseñaron en la universidad y en los medios sobre el autor y creador de la identidad: el arq. Pedro Ramírez Vázquez concibió todo, y no Lance Wyman, quien era un joven diseñador en ese entonces y parte del equipo gráfico. Este último jamás ha querido aclarar la autoría de la identidad de los Juegos Olímpicos, y jamás entenderé por qué, siendo un diseñador talentoso que no tiene necesidad de plagiar y adjudicarse obras ajenas.
Otro momento memorable es el proyecto de la actual Basílica de Guadalupe, que representó un gran reto arquitectónico para Ramírez Vázquez al crear un nuevo sitio para la Morenita del Tepeyac y sus devotos. Sin duda, aquí plasmó su gran amor por el país y su legado mestizo, logrando que hoy en día sea y siga siendo el centro religioso más visitado y admirado por su peculiar belleza y diseño.
Solo puedo destacar estos momentos en la historia del arquitecto. De verdad, quienes se dedican al diseño, la arquitectura y disciplinas similares deben ir a ver esta hermosa exposición, que estará de forma indefinida (aunque, si fuera ustedes, me lanzaría a la primera oportunidad). No deben perdérsela por nada. El legado de Don Pedro Ramírez Vázquez lo convierte no solo en una referencia imperativa en las ramas mencionadas, sino en un verdadero visionario y transformador del México actual.





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